Dos machos se corren sin manos follando salvaje
Los dos tíos llevaban toda la noche bebiendo cervezas y mirándose el rabo con morbo hasta que uno se acercó y le susurró al oído que quería sentirlo dentro sin parar. El más grande, con la polla ya dura como una piedra, le agarró del culo al otro y lo empujó contra la pared del salón, donde el sofá aún guardaba el olor a sudor de la fiesta anterior. Sin perder tiempo, le bajó los pantalones de un tirón y le escupió en el culo para preparar el agujero, que ya estaba bien abierto y palpitando de ganas. El pasivo gimió fuerte cuando la cabeza del nabo grueso se hundió entre sus nalgas, empalándolo sin piedad mientras le agarraba las tetas al otro para clavarlo más profundo. Las embestidas eran brutales, con el sonido de los huevos golpeando el culo mojado mezclándose con los gemidos ahogados en la almohada que él mismo mordía para no gritar como una puta en celo. El activo, con la vena de la verga a punto de reventar, le agarró del pelo y le obligó a mirarlo mientras le llenaba el culo de leche caliente sin sacársela ni un segundo, sintiendo cómo el semen le resbalaba por las piernas mientras los dos se quedaban jadeando contra la pared, exhaustos pero con la polla aún dura como si no hubieran hecho nada. La habitación olía a sexo barato y a sudor, con manchas de leche seca en el suelo y el olor a porno casero que inundaba el ambiente, mientras los dos seguían magreándose sin poder parar aunque ya no tuvieran fuerzas para otra ronda.