Esposa india se vuelve loca al ser empotrada por su marido
Llevaban años casados pero esa noche la pasión los consumía como nunca antes. Él llegó a casa tarde, con el cuerpo aún caliente por el trabajo y la mirada llena de lujuria. Ella lo esperaba en la cama, desnuda bajo las sábanas, el coño ya mojado al imaginarse qué le haría. Sin mediar palabra le agarró la polla por encima del pantalón, dura como una piedra y palpitando de deseo. Se la sacó con un tirón brusco y se la metió en la boca sin piedad, ahogándose con el grosor pero sin soltarla. Él le agarró el pelo con fuerza y empezó a mover la cadera, empujando hasta la garganta, mientras ella gemía con los ojos llorosos pero los muslos temblorosos de excitación. Cuando por fin se la sacó, el aliento le quemaba y los labios le ardían, pero no había tiempo para recuperarse: él la volteó boca abajo y le levantó el culo alto, dejando al descubierto ese culito prieto que tanto le volvía loco. Sin lubricante, solo con el coño bien empapado de sus babas, se enterró hasta las pelotas en un solo empujón. Ella gritó, arqueó la espalda y empezó a mover el culo al ritmo de sus embestidas brutales, cada golpe resonando en la habitación. Él le agarró las tetas pequeñas pero firmes, apretando los pezones mientras le lamía el cuello sudoroso. De pronto, sin avisar, se la sacó y le escupió en el coño, deslizando la saliva por el agujero para luego metérsela de nuevo, esta vez más lento pero igual de profundo. Ella no pudo aguantar más y se corrió gritando su nombre, con el coño apretando la polla como un torno mientras él seguía embistiéndola sin piedad, hasta que él también estalló dentro, llenándole el culo de leche caliente. Quedaron jadeando, pegajosos, con los cuerpos temblorosos y las sábanas completamente empapadas en sudor y otros fluidos.