Amanda se corre empalada en público con verga perforada
Desde que se enteró de que su fantasía de sexo al aire libre podía hacerse realidad, Amanda no paró de imaginarse la polla gruesa del desconocido clavándosele hasta el fondo mientras gemía con el coño empalado en plena calle. El tipo, con su miembro brillante por los piercings, no pudo resistirse cuando la vio mordiéndose el labio frente al parque, el vestido ceñido levantándose solo para mostrarle el tanga transparente empapado en jugos. Sin pensarlo dos veces, la agarró de la cintura y la empujó contra la pared más cercana, arrancándole un gritito de sorpresa antes de que su boca se abriera en un jadeo profundo cuando la verga perforada le abrió el coño de par en par. Ella se dejó caer de espaldas sobre la polla, sintiendo cómo los anillos metálicos le rozaban el clítoris al ritmo de cada embestida, mientras sus tetas botaban salvajes bajo el sol de la tarde. El desconocido la empotró contra el muro con fuerza bruta, haciendo que el sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclara con los gemidos roncos de Amanda, que no podía evitar arquear la espalda para que la verga le llegara más adentro. Con cada movimiento, sus pezones duros se frotaban contra la tela del vestido, y el dolor placentero de los piercings le recorría el vientre hasta que ya no pudo aguantar más. Con un último empujón brutal, el desconocido la llenó hasta el fondo, haciendo que Amanda se corriera gritando su nombre mientras la leche caliente le llenaba el coño sin piedad, dejando manchas blancas en sus muslos temblorosos. El sudor les resbalaba por la piel, mezclándose con el aroma a sexo y a excitación que flotaba en el aire, mientras ella se dejaba caer contra él, jadeante y satisfecha, con la polla aún palpitando dentro de su coño destrozado.