Elisa sanches excita a joao grilo en su carro por la calle
Joao no podía creer lo que veía cuando Elisa se subió al auto con ese vestido ceñido que apenas le cubría las tetas gigantes y le dejaba el culo al aire, la muy puta sabía perfectamente lo que hacía al sentarse sobre sus muslos con las piernas bien abiertas. Él intentó resistirse pero no pudo evitar que su polla se le pusiera dura al instante al ver cómo la morena se agachaba para que le chupara el clítoris mientras le agarraba la nuca con fuerza. Elisa gemía como una loca, con los pechos rebotando cada vez que movía las caderas buscando más de esa verga gruesa que tanto deseaba sentir dentro. Joao no aguantó más y la empujó contra el asiento del copiloto para empotrarla sin piedad, sintiendo cómo el coño de ella se empapaba cada vez que sus bolas le azotaban el culo prieto. Las ventanillas empañadas por los gemidos y el vapor del sudor no dejaban ver nada fuera del auto mientras él le metía la polla hasta el fondo, haciéndola gritar cada vez que la embestida le llegaba al útero. Elisa le suplicaba que le diera más fuerte, que no parara, mientras le clavaba las uñas en la espalda y le mordía el hombro para no correrse antes que él. Joao, desesperado por el placer, le levantó una pierna para abrirla más y así poder hundirse hasta las pelotas en ese coño jugoso que no dejaba de apretar su miembro como si no quisiera soltarlo nunca. Los dos sudaban como locos, jadeando al unísono mientras ella se corría primero, empapando su verga en jugos calientes que le resbalaban por los huevos. Joao no pudo aguantar más y, con un gruñido ronco, se enterró hasta el fondo y eyaculó dentro de ella sin protección, sintiendo cómo su leche se le escurría por las piernas mientras los dos caían entre jadeos y risas nerviosas. Afuera, la gente pasaba sin sospechar que dentro de ese auto oscuro estaban follando como animales, sin importarles nada más que el placer crudo que les recorría el cuerpo al unísono.