Emy la elfa con tetas enormes goza sin parar
Emy, la elfa de tetas gigantes que no puede parar de gemir, lleva puesto un vestido transparente que apenas tapa su coño rosado y empapado. Al verla de pie, con las tetas rebotando y los muslos temblando, el gordo duende no pudo resistirse y se lanzó a lamerle el clítoris con lengua experta. Ella soltó un chillido agudo cuando sintió los primeros lametones húmedos y calientes, mientras sus pezones duros se erguían buscando más placer. El duende, con la polla ya dura como una piedra, no pudo aguantar más y la empujó contra la pared, subiéndole el vestido hasta la cintura para dejar al descubierto su culito prieto y jugoso. Con una mano le agarró las tetas grandes y con la otra le dio cachetadas en el culo mientras le metía los dedos en el coño, sintiendo cómo se contraía de placer. Emy, con la cara roja de excitación, empezó a cabalgarle la mano con movimientos frenéticos, empapándole los dedos con sus jugos mientras gritaba que no parara. El duende, borracho de lujuria, sacó su verga gruesa y brillante y se la clavó hasta el fondo en el coño empapado, haciendo que ella soltara un alarido de éxtasis que resonó en toda la casa. Las embestidas eran rápidas y brutales, cada golpe de cadera hacía que las tetas de Emy rebotaran como si fueran dos sandías maduras, mientras su coño chorreante no dejaba de gotear. Cuando el duende sintió que ella estaba a punto de correrse, le dio la vuelta y se la empotró por detrás, agarrándole las tetas con fuerza y clavándosela hasta el fondo, sintiendo cómo su pequeño culito se abría para recibir cada embestida. Emy, con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo, sintió cómo el placer se acumulaba en su vientre hasta que explotó en un chorro potente de leche que le salió disparado por todo el cuerpo, mojando hasta las sábanas. El duende no se detuvo ni un segundo, siguió dándole con fuerza hasta que los dos cayeron rendidos, sudorosos y jadeando, con el coño de ella aún goteando y el culito rojo de tanto empotrar.