Hermanastra de tetas enormes me pide que la folle
Llevaba días notando cómo me miraba desde el otro lado de la mesa con esos labios carnosos mordiéndose el inferior y los pezones duros bajo la blusa ajustada, pero hoy no pudo aguantar más. Cuando nuestros padres salieron de la casa, entró a mi cuarto con esa falda corta que le marca el culito prieto y me soltó: 'O me empotras bien fuerte o me voy a masturbar hasta quedarme seca'. Sin pensarlo dos veces, le agarré la melena suelta y le metí la polla en la boca antes de que terminara la frase, sintiendo cómo se ahogaba con el sabor salado pero sin apartarse ni un milímetro. Sus tetas enormes rebotaban contra mi pecho mientras le clavaba los dedos en las caderas y la tumbaba boca abajo en la cama, arrancándole el tanga de un tirón hasta dejarle el coño bien mojado y brillante. '¡Jode, sííí!', gritó cuando le abrí las nalgas con mis manos y le metí la verga de golpe hasta el fondo, escuchando cómo se le escapaba un gemido ahogado mezclado con el sonido de carne contra carne. Cada embestida le hacía botar ese culo redondo y prieto que tanto me vuelve loco, y cuando me pidió que le llenara la boca de leche, no dudé ni un segundo: le agarré la cabeza con fuerza y le solté todo el semen hasta que se lo tragó sin perder ni una gota. Pero no quedó ahí, porque al sentir mi polla aún dura después de correrme, se dio la vuelta como una perra en celo y me susurró al oído: 'Ahora quiero que me llenes el ombligo, cabrón', antes de frotarse contra mi verga otra vez hasta que se corrió chorreando por todas partes. Terminamos los dos pegajosos, con su cuerpo temblando de placer y mi semilla resbalando por su piel morena mientras me pedía más, pero ya no quedaba nada dentro de mí para darle...