Jessy en medias se corre con polla bien gruesa
Jessy llegó con esas medias ajustadas que le marcaban el culo prieto y el coño palpitante bajo el encaje, mordiéndose el labio mientras se quitaba la falda para dejar que la seda negra se le enredara en los muslos. Él no pudo resistirse y le agarró el pelo para plantarle la polla dura contra los labios hinchados, gruesos como moras maduras, mientras ella jadeaba con la boca abierta. La primera lamida al frenillo la hizo gemir tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes, chupando con avidez cada centímetro hasta que la cabeza le rozó la campanilla y sintió el sabor salado de la gota de precum que ya le brotaba. Jessy se la clavó hasta la garganta sin pestañear, con los ojos lagrimeando pero sin soltar ni un segundo, mientras sus manos le acariciaban los huevos pesados que le colgaban pesados entre las piernas. Él le sujetó la nuca con fuerza y empezó a embestirle la boca con embestidas cortas y brutales, sacándole babas que le resbalaban por la barbilla mientras ella forcejeaba por tragar cada envite sin ahogarse. Cuando él la soltó jadeando, Jessy se tiró de rodillas sobre el sofá, se quitó las medias de un tirón y se abrió de piernas mostrando cómo el coño le chorreaba por los muslos, empapado y listo para recibir esa verga que le quemaba entre los dedos. Él no perdió tiempo y se la enterró de una sola estocada hasta el fondo, haciendo que ella gritara con la voz rota mientras le clavaba las uñas en los muslos y el culo le temblaba al ritmo de cada embestida que le llegaba hasta el útero. Las medias negras se le arrugaron en los tobillos mientras él la empotraba contra el mueble, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba el cuarto junto con los gemidos ahogados de ella y los gruñidos roncos de él, que ya notaba cómo se le espesaba la leche en los huevos. Jessy se corrió primero, sacudiéndose como un cable pelado mientras el coño le latía alrededor de la polla y le escupía chorros de leche espesa por los muslos, pegajosa y brillante bajo la luz tenue. Él no aguantó más y se la sacó de golpe, agarrándosela con la mano sudorosa para darle una corrida en plena cara, con los chorros calientes salpicándole la nariz, la boca entreabierta y los párpados cerrados mientras se dejaba bañar sin moverse, jadeante y satisfecha.