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La casera se deja empotrar por el dueño del piso

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Estúdio Amylou
Atores DaleAmylou

La rubia del tercero llevaba días con los muslos apretados y la ropa interior empapada cada vez que escuchaba sus pasos subiendo por las escaleras. Él, con esa verga gruesa y esos huevos que le colgaban pesados, no necesitó ni abrir la boca para que ella se quitara el delantal y se tirara de rodillas en el salón. La polla le entraba hasta la garganta sin aviso, ahogándola entre gemidos mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. Él la agarró del pelo y le escupió en la boca antes de darle la vuelta sobre el sofá, dejando ese culito prieto y bien redondo al aire. Con las manos en la nuca y las tetas aplastadas contra el cuero, notó cómo el gordo tronco le abría el coño desde atrás con fuerza bruta, haciéndola gritar como una puta cualquiera. Cada envite le sacudía el útero y le mojaba más las piernas, el líquido resbalando por los muslos mientras él le azotaba el culo con la mano abierta. El marido, escondido en el pasillo, solo atinaba a masturbarse con la polla en la mano, viendo cómo el dueño le reventaba el agujero con esa verga que no paraba de bombearle el coño sin piedad. Ella, entre sudor y babas, le suplicaba que le metiera más profundo, que le llenara el vientre de leche caliente sin preservativo, que la convirtiera en su puta oficial. Cuando notó el primer chorro espeso golpeándole el útero, se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, dejando el sofá manchado de sus jugos y del semen que le chorrea por las piernas. El muy cabrón aún le dio la vuelta y se la folló de frente, agarrándole las tetas como si fueran manijas mientras le escupía en la cara y le gruñía que era su puta ahora, que su marido podía mirarla pero nunca tocarla como él. La última corrida le tapó hasta la nariz, y ella, exhausta y con la boca llena de leche, solo pudo sonreír mientras se limpiaba los restos con los dedos y se los llevaba a la boca para chupárselos.

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