La jovencita abril se deja usar por todas en casa
Abril llegó con su minifalda ajustada y los labios pintados de rojo intenso, mirando a Gianna con esos ojos de perra en celo que ya le delataban que no venía a tomar té. La madura le pasó la mano por el muslo mientras le susurraba al oído que en esa casa no había reglas, solo ganas de sentir su coño bien apretado alrededor de cualquier polla que se le cruzara. April se dejó caer de rodillas en el sofá, con las tetas rebotando bajo la blusa transparente, y le abrió el vestido a Gianna de un tirón para dejar al descubierto unos pezones duros que ya chupaba con avidez, mordisqueando el piercing que llevaba. Gianna le agarró de los pelos y le empotró la cara contra su entrepierna, gimiendo fuerte cuando la lengua de la chiquilla le lamía el coño empapado, chorreando de lo excitada que estaba por el ambiente de putería que flotaba en el aire. April se subió encima de ella en cuatro patas, levantando el culo bien alto para que Gianna le metiera los dedos mientras le susurraba lo puta que era y lo mucho que le gustaba que la tratasen como a una zorra. La madura no tardó en sacarse la polla bien dura, gruesa y palpitante, y se la clavó hasta el fondo en el coño de April, que gritó como una loca mientras le agarraba las nalgas para que no se saliera. Gianna la embestía sin piedad, haciendo que el sofá crujiera con cada golpe, mientras April se corría en chorros sobre su barriga, dejando un rastro de leche espesa que resbalaba por sus muslos. La joven no se conformó con una sola polla, así que cuando el novio de Gianna llegó con su verga aún más grande, April se arrodilló en el suelo y se la metió toda en la boca hasta ahogarse, con los ojos llorosos de tanto babear mientras le chupaba hasta dejarla limpia. Los tres acabaron tumbados en el suelo, sudados y jadeantes, con April llena de marcas de dientes en los pezones y el coño tan usado que hasta el aire le escocía al caminar. La casa olía a sexo barato, a leche derramada y a gemidos ahogados en almohadas, pero a nadie le importaba porque en aquel antro de lujuria lo único que importaba era follar hasta reventar.