Mamá tatuada de tetas enormes me dejó hacerle lo que quise
¿Sabes esa tensión que se acumula cuando miras a alguien y sabes que te desea tanto como tú a ella? Así fue con ella: semanas de roces en el pasillo, de miradas que se quedaban un segundo más de lo normal, de sonrisas cómplices que prometían algo sucio. Hasta que un día, con sus tetas perfectas rebotando bajo la blusa ajustada, me dijo al oído: 'Hoy no me voy a negar'. Te juro que me quedé duro al instante, imaginando cómo sería hundir mi polla entre esos labios carnosos mientras ella gemía mi nombre. No te miento, la primera vez que le metí los dedos, estaba tan mojada que casi me corrí solo de sentirla. Pero no, no iba a acabar tan rápido: quería saborearla, chuparle ese coño hasta que sus muslos temblaran. La tiré en la cama y le arranqué el tanga de un tirón, dejando al descubierto su culo perfecto, esas nalgas que había fantaseado con azotar. Cuando por fin la empotré contra el colchón, sus tetas rebotaban con cada embestida, y sus gritos eran tan fuertes que temí que los vecinos nos escucharan. No me importó: la follé como si no hubiera mañana, sintiendo cómo su coño apretaba mi polla como si nunca quisiera soltarla. Cuando por fin me corrí, fue tan intenso que casi me desmayo, pero antes de que pudiera recuperar el aliento, ella ya me estaba pidiendo más. ¿Te gustaría estar en mi lugar?