Marlieth se derrite en lencería fina y polla dura
Marlieth se paseaba por el apartamento con esa lencería negra que le marcaba cada curva de su culo respingón y sus tetas perfectas, sabiendo que el vecino no podía resistirse a mirarla. Él, con la polla ya dura, se acercó por detrás y le agarró las caderas con fuerza, apretando su cuerpo contra el suyo mientras ella gemía suavemente. La rubia se dio la vuelta, le bajó los pantalones con un gesto rápido y empezó a chuparle la verga con ganas, moviendo la lengua por toda la punta antes de tragársela hasta el fondo. Él la empujó contra la pared, le arrancó el tanga con los dientes y le metió los dedos en el coño bien mojado, haciéndola gritar de placer. Sin perder tiempo, la levantó en el aire y la empotró contra la pared, clavándosela hasta el fondo mientras ella le arañaba la espalda y le pedía más fuerte. Las embestidas eran brutales, el sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, y cuando él le agarró el pelo y le dio una nalgada fuerte, Marlieth se corrió gritando como una puta. Él no tardó en seguirla, vaciándose dentro de ella con un gemido ronco mientras le mordía el cuello. Quedaron los dos jadeando, sudados y satisfechos, con la lencería hecha jirones en el suelo.