Nego Catra y la brasileña le dan fuego a la escalera
Te voy a contar cómo empezó todo: cuando la vi mirarme desde arriba, con esas piernas torneadas y ese culito redondo apretado en esos shorts ajustados, supe que no iba a aguantar. Llevábamos días cruzándonos en la casa, roces casuales, miradas que se quedaban un segundo de más, hasta que por fin nos quedamos solos en el pasillo. La empujé contra la pared, le subí la falda y metí los dedos en su coño ya mojado, gimiendo como una puta cuando le chupé el cuello. Ella me desabrochó los pantalones, sacó mi polla negra dura y se la metió en la boca, chupando como si tuviera años de práctica, hasta que le agarré el pelo y le follé la garganta. La levanté en brazos, sus piernas alrededor de mi cintura, y de una estocada le clavé toda la polla hasta que sus nalgas chocaron contra mis caderas. Cada embestida hacía temblar los escalones, sus tetas grandes rebotando mientras me apretaba con sus músculos, gritando que no parara. La puse a cuatro patas, arrodillado en el escalón de abajo, y se la metí por atrás mientras le apretaba las tetas, hasta que se corrió con un gemido ahogado, mi verga aún dura adentro. Cuando me corrí, mi leche blanca le manchó toda la espalda, y aún ahora veo la marca en el vestido que se le quedó pegado al cuerpo.