Pies sucios le pisan la gruesa polla dura
Los pies de ella, llenos de tierra y sudor, se deslizaron sobre la verga hinchada de él mientras se reía con voz ronca. Él gruñó al sentir el contacto áspero pero excitante de esa piel sucia apretando su tronco palpitante, sus uñas pintadas de rojo raspando la punta sensible. Ella lo miró con ojos traviesos antes de pisar con más fuerza, aplastando el glande contra el empeine mientras se humedecía los labios con la lengua. Él jadeó y empujó las caderas hacia adelante, buscando más presión, más fricción, mientras sus pelotas se tensaban bajo el escroto pegajoso. Ella aprovechó para deslizar los dedos entre sus piernas y masajearle el perineo, arrancándole un gemido gutural que resonó en el cuarto oscuro. Con un movimiento brusco, ella lo agarró por el cuello y lo empujó contra la pared fría, obligándolo a agacharse mientras sus pies seguían trabajando su verga como si fuera un juguete sucio. La polla ya goteaba líquido preseminal, brillando bajo la luz tenue, mientras ella se agachaba para lamerle la base, saboreando el sudor salado mezclado con el aroma a sexo. Él le agarró el pelo con fuerza y la obligó a abrir más la boca, empalándola con embestidas cortas pero profundas que le ahogaban con cada empujón. Los pies de ella, ahora resbaladizos por la humedad, se enredaron en sus muslos, usando el peso de su cuerpo para aumentar la intensidad de cada pisotón sobre su verga palpitante. Él sintió cómo el orgasmo le subía por la espalda, caliente y urgente, mientras sus bolas se contraían dolorosamente. Ella notó el cambio en su respiración y sonrió con malicia, pisando con más saña la punta sensible, justo cuando él se corría con un rugido ahogado, disparando chorros espesos de leche caliente sobre sus pies sucios y sus piernas temblorosas. El líquido blanco resbaló por sus empeines, mezclándose con el sudor y la tierra, mientras él se dejaba caer al suelo, exhausto pero satisfecho, con la polla aún dura y goteando.