Puta madura se corre frotando su coño gordo
La pelirroja Sara Jay no necesita que nadie le meta los dedos para correrse, pero hoy le da por jugar con su clítoris gordo y empapado hasta dejar el colchón empapado en leche. Se quita el sujetador de encaje negro y se masajea las tetas grandes mientras se lame los labios gruesos, imaginando cómo le chuparía esa polla enorme que solo ella sabe dónde guardar. Con los dedos llenos de su propio jugo se frota la entrada del coño resbaladizo, gimiendo fuerte cuando el dedo medio le entra hasta el nudillo y le revuelve las paredes vaginales que están más calientes que el infierno. Se corre la primera vez con un espasmo que le hace arquear la espalda y soltar un grito de puta desesperada, pero no para ahí: sigue metiéndose los dedos una y otra vez, esta vez más rápido, más sucio, sintiendo cómo su coño carnoso se abre y se cierra como una boca hambrienta. Se quita las bragas de encaje y se sienta en el borde de la cama, separando bien las piernas para que se vean esos labios gruesos y carnosos, brillantes por la leche que ya le chorrea por los muslos. Agarra un consolador grueso con forma de verga y se lo clava hasta la base, empalándose como una perra en celo mientras con la otra mano se pellizca el clítoris hinchado, que ya le late como un corazón loco. Las tetas le bailan al ritmo de los empujones bruscos, los muslos le tiemblan y el coño le hace un sonido de succión cada vez que el juguete le entra hasta el fondo, dejándola con la boca abierta y los ojos vidriosos. Vuelve a correrse con un chorro grueso que le sale disparado entre las nalgas, empapando las sábanas mientras sigue metiéndole el consolador sin piedad, como si quisiera que nunca se le terminara el placer. La leche le cae por los muslos y le resbala hasta los tobillos, pero ella no para, sigue frotándose el clítoris con desesperación hasta que los muslos le tiemblan y suelta un último gemido ronco mientras se corre otra vez, esta vez con un espasmo tan fuerte que casi se cae del colchón. Se queda tirada boca arriba, con el coño abierto y goteando, las tetas subiendo y bajando al ritmo de su respiración entrecortada mientras se lame los labios como si aún tuviera algo más que saborear.