Reislin y Agatha Vega follando sin parar en el sofá
Esa noche el sofá quedó hecho un asco después de verlas jugar como putas en celo. Reislin se arrodilló primero, con los labios pintados de rojo chillando mientras Agatha le chupaba la polla gruesa hasta dejarla brillante. La morena de tetas duras se dejó caer sobre el coño ya mojadísimo de Reislin, empalándose sin piedad mientras gemía como una perra en celo. Los cuerpos sudados chocaban sin parar, el sofá crujía con cada embestida salvaje que le clavaba Agatha en el culo bien apretado. Ella le arañaba la espalda a Reislin, le mordía los pezones duros y le escupía en la boca para que se la tragara toda su saliva caliente. La polla de Reislin se hundía hasta el fondo en esa concha estrecha que no dejaba de gotear, mientras Agatha le metía los dedos en el coño para sentir cómo se contraía cada vez que le llegaba un orgasmo. Las tetas de ambas botaban sin control, los pezones duros golpeando el pecho sudado de la otra, mientras los gemidos se ahogaban en el aire pegajoso del cuarto. Reislin le agarró el pelo a Agatha y le empujó la cabeza contra su coño empapado, obligándola a lamerle el clítoris hinchado sin piedad. Agatha no podía más, el coño le ardía de tanto follar y el culo le dolía de que la empotrasen con esa polla enorme que la dejaba sin aliento. Cuando Reislin le susurró al oído que se corriera sobre su lengua, Agatha explotó gritando, escupiendo chorros de leche entre los labios de su amiga mientras la polla le disparaba una corrida espesa que le llenó la boca hasta rebosar. El sofá quedó cubierto de babas, sudor y leche, con las dos putas jadeando y sus cuerpos temblando después de tanto placer sin freno.