Assilille gime fuerte mientras se masturba con lujuria
—'No me digas que no vas a venir hoy'—, susurra Assilille mientras sus dedos se hunden entre sus muslos mojados, imaginando que alguien podría entrar en cualquier momento. Vas a ver cómo se mueve la cama contra la pared, cómo ahoga sus gemidos en la almohada para que no la oigan. Sus pezones duros rozan las sábanas cada vez que arquea la espalda, y sus labios carnosos se abren en un jadeo cuando sus dedos encuentran el punto exacto. El sonido de sus uñas rozando su clítoris hinchado llena la habitación, mientras escucha pasos afuera, preguntándose si es su marido o un vecino. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo alza las caderas de golpe, frotándose contra su mano con desesperación, sabiendo que podría ser descubierta en cualquier instante. Sus jugos chorrean por su muñeca, marcando cada embestida que se clava en su coño palpitante, mientras su otra mano aprieta uno de sus senos, torciéndolo hasta que duele deliciosamente. Imagínate que de pronto se detiene, conteniendo la respiración, porque escuchó girar el picaporte de la puerta. ¿Será él? ¿O solo el viento? No importa, porque en cuanto el peligro pasa, sus dedos vuelven a trabajar, más rápido, más profundo, hasta que su cuerpo entero tiembla y un chorro caliente le inunda la mano. Justo cuando el orgasmo la sacude, el crujido de las bisagras le confirma que no está sola...