Edward Terrant se empotra al padrastro Manuel Skye en el culo
Manuel Skye no podía concentrarse en nada desde que Edward Terrant llegó a vivir con ellos. Cada vez que se cruzaban en el pasillo, el joven le lanzaba miradas que le quemaban la piel, y aunque intentaba ignorarlo, el calor entre ellos era insoportable. Las noches eran peores: Manuel se masturbaba pensando en el cuerpo firme de Edward, imaginando cómo sería sentir esa polla gruesa dentro de su culo apretado. Un día, el chaval lo acorraló contra la pared, le bajó los pantalones y le metió la lengua en la boca sin pedir permiso. Manuel gimió cuando Edward le mordió el cuello antes de arrodillarse y chuparle la verga con desesperación. El padrastro le agarró el pelo, sintiendo cómo la saliva le chorreaba por los huevos mientras el chico lo tragaba hasta las pelotas. Sin perder tiempo, lo giró y le separó las nalgas con las manos, escupiendo en su agujero antes de clavársela de una estocada. Manuel gritó cuando la polla de Edward lo partió en dos, pero el dolor se convirtió en placer al sentir cómo lo embestía una y otra vez, golpeándole la próstata con cada empujón. El sonido de los cuerpos chocando llenó la habitación mientras Manuel se agarraba a las sábanas, suplicando que no parara. Edward le agarró las caderas con fuerza, acelerando el ritmo hasta que su polla empezó a palpitar y le llenó el culo de leche caliente. Cuando se retiró, Manuel Skye se quedó temblando, con el culo ardiente y una sonrisa de satisfacción en los labios.