Ella te reta a dominar sus pies de goma hasta que suplique
El aire huele a látex fresco mientras te arrodillas frente a esa mujer que te desafía con una sonrisa pícara, sus pies embutidos en botas de goma negra que brillan bajo la luz tenue de la habitación. Te agarra del pelo y te acerca a sus pies, ordenándote que los beses mientras suelta una risa burlona. Sientes cómo el material frío y liso se pega a tu lengua, pero no te detienes, porque ella quiere ver si puedes aguantar su ritmo. Empiezas a chupar sus dedos, uno por uno, mientras ella arquea la espalda y gime, retándote a que la hagas gemir más fuerte. Sus pies se mueven contra tu cara, presionando tu nariz, tu boca, hasta que casi no puedes respirar, pero no te rindes. La agarras de los tobillos y te los llevas a la polla, frotándote contra el látex mientras ella se ríe y te dice que no eres lo suficientemente hombre. Te corren gotas de sudor por la frente, pero no paras, porque sabes que si te detienes, ella ganará. De repente, ella grita y te empuja, pero no te importa, porque ya estás a punto de explotar. Te la sacas y te corres sobre sus botas, marcando el látex con tu leche caliente mientras ella jadea y te mira con los ojos entrecerrados, sabiendo que esta vez no fue suficiente.