Flor de damiana se empotra con latina cachonda en cast
La Flor de Damiana ya venía con la mirada perdida buscando un culito que castigar a fondo cuando la latina de tatuajes y curvas explosivas se le acercó con la verga palpitando entre las piernas. Él no necesitó más que un par de tragos de esa boca roja y carnosita para que su polla se pusiera más dura que una piedra, chorreando gotas de pre-semen que ella no dudó en lamer con esa lengua ágil y juguetona que tenía. La latina, con los pezones erectos bajo el top ajustado, le agarró la verga con fuerza y se la llevó a la boca sin perder un segundo, ahogando gemidos mientras la chupaba con desesperación, sintiendo cómo el sabor salado y masculino le incendiaba el coño que ya goteaba entre los muslos. Él, sin aguardar más, la empujó contra la pared del set de filmación y le arrancó el tanga de un tirón, dejando al descubierto ese coño depilado y brillante que lo esperaba babeante. La primera embestida fue tan brutal que ella soltó un alarido de placer mezclado con dolor, sintiendo cómo su verga gruesa le abría las paredes de la concha hasta el fondo, dejándola sin aire mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada empujón. La latina, con las uñas clavadas en el culo fibroso de él, le exigía más con gemidos guturales, pidiendo que la empotrara hasta dejarla sin voz, hasta que su coño estuviera tan mojado que el líquido resbalara por los muslos de ambos. Él, dominado por el frenesí, la levantó en volandas y la empaló contra el suelo, con las piernas envueltas en su cintura y la espalda pegada al frío cemento, mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras. Cada embestida era un castigo glorioso, cada sonido de carne chocando contra carne era una sinfonía obscena que los llevaba al límite, hasta que ella, con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo, sintió cómo su coño se contraía en espasmos violentos mientras se corría a chorros, empapando la polla que seguía embistiéndola sin piedad. Él, lejos de detenerse, aprovechó su orgasmo para clavársela hasta las entrañas y descargarse dentro con gruñidos roncos, llenando su útero con chorros calientes que la hicieron temblar de la cabeza a los pies, dejando a ambos jadeando y sudorosos entre los restos de lencería rota y deseos por repetir.