La doctora Penny alivia el dolor con una paja salvaje
La joven doctora Penny no podía creer lo que le estaba pasando con su paciente, un tipo que llegó quejándose de un dolor en los huevos que solo ella podía curar. Desde el primer momento en que lo vio, notó cómo su polla se ponía dura bajo los jeans ajustados, y no pudo resistirse a tocarla con sus manos expertas. Le dijo que la mejor manera de aliviar el dolor era con un buen masaje, y empezó a frotar su verga con movimientos lentos pero firmes, sintiendo cómo el tipo gemía cada vez más fuerte. La doctora Penny no perdía detalle de cómo su polla crecía entre sus dedos, gruesa y palpitante, mientras él se retorcía de placer. Con una sonrisa pícara, aceleró el ritmo, apretando más fuerte y sintiendo cómo el calor de su verga le quemaba las manos. El tipo no aguantó más y empezó a correrse en sus manos, llenándola de leche caliente mientras ella seguía frotando, disfrutando cada gota que salía de su polla. Al final, el paciente salió de la consulta más que satisfecho, y la doctora Penny se quedó pensando en lo bien que le había quedado el tratamiento.