La rubia tetona que no podía parar de chuparme el coño
El olor a hierba dulce en su aliento te delató antes de que sus labios rozaran tu clítoris, pero fue el gemido ahogado de AIasmim Oliver lo que te hizo entender que algo estaba mal. La rubia de tetas grandes y culo redondo que te había estado follando con los dedos hasta hace un minuto ahora te miraba con los ojos vidriosos, como si acabara de descubrir que tu coño era lo único que quería en el mundo. Sus manos temblorosas te abrieron más las piernas, y sentiste cómo su lengua caliente se hundía entre tus pliegues, lamiendo con una urgencia que no habías visto antes. Te agarró las caderas con fuerza, como si tuviera miedo de que te escaparas, mientras su nariz se hundía en tu vello y sus gemidos se volvían más desesperados. Fue entonces cuando notaste que su clítoris estaba hinchado, casi doloroso, y que cada vez que te lamía, sus muslos se apretaban contra los tuyos. Te corrió un escalofrío al darte cuenta de que el humo que le habías dado no solo la había excitado, sino que había despertado algo en ella que ni siquiera sabía que existía. Sus tetas grandes rebotaban contra tu vientre mientras te devoraba, y sus dedos se clavaban en tu piel, marcando el ritmo de su propia necesidad. Te arqueaste cuando su lengua encontró ese punto exacto que te hacía gritar, y sentiste cómo su cuerpo entero se tensaba antes de que sus caderas empezaran a moverse contra tu pierna, buscando fricción. El sonido de su coño mojado al chocar contra tu piel era lo más erótico que habías escuchado, y cuando finalmente se corrió, fue con un grito que llenó la habitación, dejando claro que esto no había terminado. Sus dedos se hundieron en tu coño sin avisar, y te empotraron contra el colchón antes de que pudieras reaccionar, y en más de 10 minutos de escena, seguiste sintiendo cómo su lengua y sus dedos te llevaban al límite una y otra vez, hasta que el mundo alrededor se desvaneció.