Megumi con tetas enormes se corre a gritos en el metro
Megumi no podía esperar a llegar a casa, así que en el vagón casi vacío se apretó contra la pared con esos pechos enormes rebotando bajo la blusa ajustada mientras se frotaba el coño empapado por encima de la falda. El tipo de al lado ni se lo pensó y le lamió la raja con la lengua bien caliente hasta dejarla más mojada que un charco en temporada de lluvias, haciéndola gemir tan fuerte que hasta el conductor se dio cuenta. Ella le agarró la cabeza con fuerza y le hundió la cara entre las piernas, sintiendo cada lametazo en su clítoris palpitante mientras él le chupaba la entrada del coño sin piedad. Con los dedos le encontró el punto G y se lo masajeó en círculos hasta que Megumi empezó a temblar, con las caderas moviéndose solas de puro placer. El líquido le resbalaba por los muslos en chorros cortos y calientes mientras él no paraba de lamerle el coño abierto, lamiendo cada gota de su corrida hasta dejarla limpia y exhausta. Ella se corrió otra vez cuando él le metió dos dedos bien profundos y le dio en el punto justo, gritando con la voz rota mientras el metro seguía su camino como si nada. Los pechos le temblaban con cada respiración entrecortada y el tanga le quedó hecho una sopa pegado al culo, pero a ella ya no le importaba nada más que el calor que le recorría el cuerpo. Él no se detuvo hasta que Megumi le agarró la polla por encima del pantalón y le suplicó que se la metiera donde fuera, pero el tren frenó bruscamente y los separó antes de que pudiera pasar. Ella se quedó allí, con las piernas temblorosas y el coño palpitante, mirando cómo el desconocido se ajustaba la ropa con una sonrisa pícara antes de bajarse en la siguiente estación.