Padrinos follan a la novia en noche de bodas con marido mirándolos
La novia llevaba el vestido de novia manchado de vino mientras su marido no podía apartar la mirada de cómo aquellos dos padrinos borrachos le levantaban el vestido blanco para dejar al descubierto sus bragas de encaje mojadas. El más alto, con esa polla gruesa que le colgaba pesada entre las piernas, no perdió tiempo y le enterró la cara entre los muslos, lamiendo su coño empapado hasta que la novia soltó un gemido ahogado tapándose la boca con la mano. El otro padrino, más bruto, le agarró los pechos por encima del corpiño y le susurró al oído que se dejara follar sin vergüenza, que su marido quería verla correrse con otra verga. Mientras el marido se masturbaba sin poder creer lo que veía, el primer padrino le abrió el culo con saliva y se lo empotró sin piedad, haciendo que la novia gritara tan alto que hasta el vecindario podría haberlo oído. Ella, entre gritos y jadeos, no paraba de chuparle la polla al segundo padrino, metiéndosela hasta la garganta mientras sus tetas se balanceaban al ritmo de las embestidas salvajes. El marido, con la cara roja de vergüenza y excitación, no pudo resistirse y se corrió en el suelo mientras observaba cómo aquellos dos le partían el coño a su esposa, dejándola llena de semen y con los muslos temblorosos. La novia, exhausta pero satisfecha, se dejó caer sobre la mesa del banquete, con el vestido rasgado y el piercing del coño brillando bajo la luz tenue, mientras los padrinos se reían y le decían que esa noche de bodas sería la mejor de su vida. El marido, avergonzado pero con el corazón acelerado, solo atinó a pedirles que no le dijeran nada a nadie, pero al final terminó aceptando que su mujer se corriera una y otra vez bajo aquellos cuerpos sudorosos y llenos de lujuria.