Pau se corrió en la trilha y me lo robó todo
La trilha estaba húmeda y oscura, el aire cargado de sudor y el sonido de los grillos cortando la noche. Yo sabía que Pau andaba por ahí, el muy cabrón, el que se había follado a mi chico justo donde ahora estaba yo, con la polla dura y la sangre hirviendo. Lo encontré apoyado contra un árbol, la camisa pegada al pecho sudado, los ojos brillando de esa manera que me ponía los pelos de punta. Sin decir nada, lo empujé contra el tronco y le bajé los pantalones de un tirón, su culo blanco y firme justo ahí, esperándome. Mi polla ya estaba mojada de tanto imaginarme esto, y se la metí de una estocada, hasta que sus gemidos se mezclaron con el crujir de las hojas. Lo follé con rabia, con cada embestida recordándole que ahora era mío, que su culo apretado me pertenecía. Le agarré el pelo y le tiré la cabeza hacia atrás, mordiéndole el cuello mientras le susurraba que esto era por lo que le había hecho a mi hombre. Sus gritos se volvieron más agudos cuando le clavé los dedos en las caderas, marcándolo, haciendo que su cuerpo temblará bajo el mío. No me importó si alguien nos escuchaba, solo quería que supiera que yo era mejor, que mi polla era más grande, que mi semen le iba a llenar el culo hasta que no pudiera caminar. Cuando me corrí, lo hice con un gruñido, apretándole el culo contra mi pelvis para que no se escapara ni una gota. Se quedó jadeando, el sudor pegajoso entre nosotros, y le dije que la próxima vez sería peor, que no se atreviera a volver a tocar lo que era mío. La trilha quedó marcada con nuestro olor, y yo con la promesa de que esto no terminaría aquí.