Trans con dildo en plena calle mojada
Annemieke llevaba semanas imaginando cómo sería que algún guapo la empotrara contra la pared de un callejón mientras le metía los dedos en el coño empapado... Esa tarde, con sus zapatillas de deporte bien ajustadas y los jeans bajados justo lo suficiente para dejar ver ese culito prieto y jugoso, no pudo resistirse cuando pasó el travesti de mirada ardiente. Él, con su verga dura y palpitante asomándose por el tanga, le clavó los ojos y le susurró al oído: '¿Te gusta que te folle en la calle, zorra?'. Ella, sin pensarlo dos veces, se agachó para que le chupara el clítoris mientras le metía el dildo rosa por el culo sin piedad, haciendo que ambos gemidos resonaran entre los edificios. Los jeans se le enredaban en los tobillos, las zapatillas resbalaban un poco en el asfalto mojado, pero a ninguno le importaba el riesgo: él la empotraba contra la pared con embestidas brutales, haciendo que su coño goteante se apretara alrededor del juguete mientras le mordía el cuello. '¡Más fuerte, perra, que me voy a correr como una loca!', gritó Annemieke con la voz quebrada por el placer, sintiendo cómo el travesti le metía la polla hasta la garganta antes de vaciarse dentro de ella con un gruñido animal. El dildo seguía dentro de su culito, vibrando y empapado de sus flujos, mientras ambos quedaban jadeantes y sudorosos sobre el suelo frío de la calle. No importaba si alguien los veía, si los pillaban o si acababan en la cárcel... lo único que importaba era ese placer sucio, callejero y prohibido que los dejó exhaustos y satisfechos.