Viaje caliente entre dos machos sudorosos
El tipo de la izquierda llevaba días mirando cómo sudaba el otro al correr, pero hoy no aguantó más y lo empujó contra la pared del gimnasio. La polla le temblaba de ganas mientras le bajaba el short ajustado y le dejaba el culo prieto al descubierto, brillante por el sudor de la sesión. No le importó si alguien podía verlos, solo quería sentir ese culito apretado alrededor de su verga dura como una piedra. Le escupió en la entrada con los dedos mientras gemía ronco, notando cómo el otro se estremecía al notar el contacto. La primera embestida fue brutal, con las pelotas golpeando contra sus muslos cada vez que se hundía hasta las entrañas, arrancándole un grito ahogado mezclado con el sonido húmedo de la carne chocando. El de atrás se arqueó, apoyando las manos en la pared mientras le suplicaba que no parara, que lo hiciera gritar más fuerte. La sala olía a sexo y a esfuerzo físico, con el olor a semen viejo mezclándose con el sudor fresco que resbalaba por sus cuerpos. Los gemidos se volvieron incontrolables cuando el primero lo agarró por las caderas y lo empotró contra el espejo, haciendo que el cristal vibrase con cada embestida salvaje. El orgasmo llegó sin aviso, con la polla del de enfrente enterrada hasta el fondo, sintiendo cómo el otro se corría dentro de él con un rugido gutural mientras le cubría el culo de leche caliente. Ambos quedaron jadeando, pegados por el sudor y el semen, sin importarles nada más que el calor que aún les quemaba entre las piernas.