Manuelkeny llega y le ponen duro en la fiesta
Manuelkeny entró a la fiesta con esa sonrisa pícara que siempre lo delata: llevaba la camisa abierta y el pantalón ajustado dejando ver cómo se le marcaba la polla dura bajo la tela. Todos los chicos lo miraron de arriba abajo, pero él solo tenía ojos para el moreno de espalda ancha que estaba sirviendo tragos con los músculos marcados bajo la camiseta sudada. Sin perder tiempo, Manuelkeny se acercó por detrás, le agarró el culo firme con una mano y le susurró al oído: '¿Te gusta que te empotre aquí, puto?' mientras le frotaba la verga contra el culo. El moreno dejó caer el vaso con un golpe seco y se apoyó contra la barra, jadeando cuando sintió cómo le bajaban los pantalones hasta los tobillos dejando su culo al aire, reluciente y preparado. Manuelkeny no esperó más: escupió en su mano, se la untó bien con saliva y se clavó de golpe en ese agujero prieto que temblaba de ganas, haciendo que el moreno soltar un gruñido ronco mientras sus rodillas casi se doblaban del placer. Las embestidas eran brutales, cada una más profunda que la anterior, mientras Manuelkeny le agarraba las caderas con fuerza, marcando el ritmo sin piedad. El moreno gemía cada vez más fuerte, con la boca abierta y los ojos en blanco, agarrándose al mostrador con los dedos blancos de la fuerza. Manuelkeny le dio una palmada sonora en el culo antes de sacársela por completo, solo para volver a empotrarla con un golpe seco que hizo vibrar todo el local. Cuando sintió que el moreno estaba a punto de correrse, lo agarró del cuello y lo obligó a girarse para verle la cara mientras se corría dentro de él, con chorros espesos y calientes que le llenaban el culo hasta rebosar. El moreno se dejó caer contra la pared, jadeando y con la polla goteando semen sobre sus propios pies, mientras Manuelkeny se limpiaba el sudor de la frente y sonreía satisfecho al ver el desastre que había dejado atrás.