Wesley Ventura muestra su cuerpo musculoso antes de correrse como un semental
La luz del atardecer entra por la ventana del apartamento, iluminando los músculos marcados de Wesley Ventura mientras se quita la camiseta con un movimiento lento, casi provocador. Las gotas de sudor resbalan por su pecho definido, y sus manos grandes se deslizan por los abdominales antes de bajar hacia la polla ya dura, que late con cada respiración. Lleva días imaginando este momento, desde que se cruzaron miradas en el gimnasio, desde que sus cuerpos casi se rozaron al pasar junto a la máquina de pesas. La tensión entre ellos era insoportable, un juego de miradas furtivas y sonrisas cargadas de deseo, hasta que hoy, en la intimidad de su habitación, ya no aguanta más. Se recuesta en el sofá, las piernas abiertas, y comienza a masturbarse con movimientos firmes, las venas de su verga hinchada marcándose bajo la piel. El sonido de su mano golpeando contra el tronco grueso llena la habitación, y sus gemidos profundos vibran en el aire. Wesley Ventura se agarra las pelotas con la otra mano, apretándolas mientras arquea la espalda, los músculos de los brazos tensándose al máximo. La polla le palpita entre los dedos, cada vez más cerca, hasta que un chorro espeso de leche salpica su torso, manchando los abdominales perfectos. Otro chorro cae sobre su mano, y otro más, caliente y abundante, mientras su cuerpo se estremece con el orgasmo. Las gotas blancas se mezclan con el sudor, y su respiración agitada no cesa, los labios entreabiertos dejando escapar un gemido gutural. La tensión acumulada durante días se libera de golpe, y Wesley Ventura se queda quieto, la polla aún dura, la leche goteando por su piel.