Chica asiática de culo bien redondo se deja empotrar con fuerza
Llevaba días coqueteando con Rahul cada vez que se cruzaban en el gimnasio, esos shorts ajustados mostrando su culo prieto y esos pechos que rebotaban bajo el sujetador de encaje negro. Él no pudo resistirse cuando la vio en el vestuario, mordiéndose el labio mientras se quitaba la falda de jean para dejar al descubierto unas bragas de encaje tan transparentes que se le marcaba el coño mojado. Rahul no perdió tiempo, la agarró por la cintura y la empujó contra el espejo, sintiendo cómo sus tetas se aplastaban contra el frío cristal mientras él le bajaba el cierre de la camisa de cuadros. La muy zorra gimió fuerte cuando él le arrancó las bragas con un tirón y le metió dos dedos dentro, comprobando lo bien que estaba empapada. Sin aviso, la levantó en peso y la sentó sobre el banco de pesas, separándole las piernas para que él pudiera hincarse entre ellas con su polla bien dura. Ella le clavó las uñas en la espalda mientras él le metía hasta el fondo, haciendo que sus nalgas redondas temblaran con cada embestida profunda. Rahul le agarró el pelo y le obligó a mirarle a los ojos mientras la empotraba sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le rozaba el clítoris con la punta. La chica no aguantó más, se corrió gritando su nombre con la boca llena de babas, mientras él seguía dándole hasta que notó cómo su leche caliente le llenaba por dentro. Cuando terminó, ella quedó tirada en el banco, con las piernas temblorosas y el culo lleno de marcas rojas por los azotes que él le dio sin compasión.