Secretaria japonesa follada en grupo sin censura
Ryouko, la secretaria del piso de arriba, siempre se ponía esas medias de red que le apretaban el culo de muerte cada vez que pasaba por delante de la oficina de su jefe. Ese día, sin embargo, la cosa fue más lejos: mientras él revisaba unos papeles con la puerta entreabierta, ella se le acercó con esa sonrisa de zorra que tanto le ponía, se agachó y se le llevó la polla a la boca sin pedir permiso. El jefe no pudo evitar soltar un gemido y agarrarle la coleta para empotrarle la garganta, mientras Ryouko le agarraba los huevos con una mano y se masturbaba con la otra con esos dedos largos que tenía. Pero no se conformaron con eso: el compañero de al lado, que llevaba semanas babeando por sus tetas naturales y prietas, no pudo resistirse y se les unió en el sofá del despacho. Entre los tres no cabía ni un alfiler de lo apretados que estaban: ella a cuatro patas, con el culo en pompa y la cara enterrada en el regazo del jefe, mientras el otro le chupaba las tetas y le metía los dedos en el coño mojadísimo. Ryouko no paraba de gritar que se corría, con las piernas temblorosas y los muslos cubiertos de jugos, mientras el jefe le llenaba la boca de leche espesa y el otro le empotraba la polla hasta el fondo, haciendo que sus tetas rebotaran como locas. Cuando por fin se corrieron todos a la vez, el despacho olía a sexo barato y a sudor, con las medias de Ryouko hechas trizas y su coño bien abierto, goteando sobre el asiento del sofá. Lo que empezó como un polvo rápido terminó siendo una follada salvaje que duró horas, hasta que los tres quedaron rendidos, sudados y con las respiraciones entrecortadas, sin fuerzas ni para levantarse del suelo. Eso sí, al día siguiente todos fingieron que no había pasado nada... pero la mirada cómplice de Ryouko al pasar por recepción lo decía todo.