Polla enorme empotra a chica menuda y sumisa
La morrita de un metro cincuenta temblaba mientras él le arrancaba el sujetador negro mostrando unos pechos pequeños pero duros que saltaban con cada movimiento brusco. Sin poder resistirse, la puta se agachó para chuparle los huevos llenos mientras él le agarraba el pelo con fuerza, metiéndole la polla hasta la garganta hasta que le saltaron las lágrimas. Cada embestida le sacudía las tetas y le dejaba el coño bien mojado, goteando por los muslos mientras él le escupía en el culo antes de empalarla contra la pared. La niña gemía como una perra en celo, con la lengua fuera y los labios rojos por tanto trabajo, mientras él le lamía el clítoris hasta que le temblaban las piernas. Cuando por fin la levantó en peso, la embistió con fuerza desde atrás, sintiendo cómo su coño apretado lo masajeaba sin piedad, hasta que ella se corrió gritando con la boca llena de su leche espesa. La muy zorra tragó todo sin dejar ni gota, lamiéndole hasta la última gota de los huevos mientras él le llenaba la cara de leche caliente y le restregaba el semen por los labios entre besos sucios. La escena termina con la chica tirada en el suelo, toda sudada y con las medias rotas, mientras él le susurra obscenidades al oído antes de darle un cachete en el culo y mandarla a limpiar el desastre que dejó su corrida.