Veronica Leal le lame el culo a John Price sin piedad
John Price no podía creer lo que tenía delante cuando Veronica Leal se arrodilló en el suelo con sus pies descalzos y le lamió el ano sin aviso previo. El muy guapo con esa polla enorme y gorda que le colgaba entre las piernas ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de que ella le metiera la lengua bien hondo en el culo, haciendo que sus gruesos músculos se contrajeran de placer. Veronica no se conformó con eso y le agarró el rabo con una mano mientras le masajeaba los huevos con la otra, dejando que la saliva le resbalara por el perineo mientras él soltaba gemidos roncos y se agarraba a la mesa de rodillas para no caerse. Ella no paró ahí, se puso de pie y le escupió en el agujero del culo antes de empujarlo contra la pared para empotrarlo por detrás mientras le susurraba al oído que era un puto pervertido por disfrutar tanto con sus pies. John no pudo resistirse y se dejó caer de bruces sobre la silla, con la polla tan dura que parecía a punto de reventar mientras ella le pisaba los dedos de los pies desnudos y le lamía las plantas con movimientos lentos y sensuales. Veronica le chupó los dedos uno por uno, mojándolos con su saliva antes de pasarlos por el glande hinchado de su verga, untándolo todo de lubricante natural mientras él no paraba de temblar y gemir como un animal en celo. Cuando John ya no pudo aguantar más, ella lo tiró al suelo, se sentó sobre su rostro con las piernas abiertas y le obligó a lamerle el coño empapado mientras le masajeaba los huevos con los pies, aplastándoselos contra la cara para que no pudiera escapar. El pobre actor no tuvo más remedio que correrse en su propia boca mientras ella le pisoteaba el pecho con los talones y le escupía en la polla palpitante, dejando que el semen le cayera por la barbilla mientras Veronica reía a carcajadas y le lamía los restos del esperma que se le había escapado. Después de tanto abuso, John quedó hecho un trapo, con el culo enrojecido por los lametones y los pies cubiertos de babas, pero Veronica no tenía suficiente y le ordenó que se arrodillara para lamerle las plantas una vez más antes de darle la orden de que se corriera otra vez sobre su cara.