Mi hermanastra curvilínea me pide que la folle fuerte
Llevaba días viendo cómo su culo redondo se movía al ritmo del yoga cada mañana en mi habitación, pero hoy no pudo resistirse y se tiró en la cama con esa mirada que me vuelve loco. Se quitó el short ajustado dejando al descubierto esa raja mojada que tanto me vuelve loco y me susurró al oído que necesitaba que le metiera la verga hasta el fondo. No me lo pensé dos veces, le agarré las caderas con fuerza y le empotré la polla bien adentro mientras ella gritaba de placer con cada embestida profunda. Su piel morena brillaba bajo el sol de la tarde y esos abdominales marcados se contraían cada vez que le clavaba el rabo con más fuerza, haciendo que su conchita chorreante se abriera como nunca. Me pidió que la folle más duro, que le llenara el coño de leche caliente, y yo no pude resistirme a meterle toda la verga hasta que los huevos le golpeaban el culo con cada envite salvaje. Ella se agarraba a las sábanas mientras gemía como una puta descontrolada, con la boca entreabierta dejando escapar gemidos que me ponían más cachondo aún. Sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, anunciando que el orgasmo estaba a punto, así que le metí hasta la empalada y le solté toda la leche dentro mientras ella se corría gritando mi nombre. Quedamos los dos sudados, jadeantes y con el cuerpo temblando, pero ella no tuvo suficiente y me pidió que la volviera a follar en la misma posición, esta vez más lento para saborear cada centímetro de su carne palpitante. La forma en que su culo redondo rebotaba con cada embestida me volvió a poner como una moto, así que no tardé en volver a empalarla hasta que ambos quedamos exhaustos, con el colchón empapado en sus jugos y mi verga aún dura dentro de su coño bien abierto.