Orgia anal en Las Vegas con pollas negras enormes
El ambiente estaba cargado de lujuria en esa suite de Las Vegas, con música fuerte y luces tenues que iluminaban apenas los cuerpos sudorosos. Yo ya había tenido suficiente de ver a Nataliya Crimson restregándose con ese tipo, así que decidí que era mi turno de probar esa verga negra que tanto me había puesto a imaginar. Me bajé el vestido de un tirón, dejando al descubierto mis tetas grandes y mi culo bien bronceado, listo para recibir lo que tanto me habían negado. Sin perder un segundo, me arrodillé frente a Brandon y le metí su polla enorme hasta la garganta, sintiendo cómo me ahogaba pero sin importarme, solo queriendo saciar mi venganza. Él me agarró del pelo y empezó a follarme la boca como si fuera un juguete, pero yo no me quejaba, porque cada embestida me acercaba más a lo que realmente quería: sentirlo romperme el culo. Cuando ya no pude más, me di la vuelta y le ofrecí mi trasero, separando las nalgas con las manos para que viera bien dónde quería que me embistiera. Él no se hizo esperar, y de una estocada me clavó su polla hasta hacerme gritar, pero no de dolor, sino de placer, porque cada centímetro de su verga me llenaba como ningún otro. Mis gemidos se mezclaban con el sonido de la carne chocando, y cada vez que me hundía más, yo apretaba los muslos, sintiendo cómo su piel sudorosa se frotaba contra la mía. Nataliya, que no se quería perder la acción, se acercó y empezó a chuparme los pezones mientras Brandon me empalaba, haciendo que mi cuerpo vibrara de excitación. No podía creer lo bien que se sentía ser tomada así, tan brutalmente, como si mi coño y mi culo no fueran suficientes para calmar la sed de venganza que llevaba dentro. Las luces parpadearon, la música subió de volumen, y yo solo podía concentrarme en las sensaciones que me recorrían, en cómo cada movimiento de Brandon me acercaba más al orgasmo que ya no podía contener. Mis paredes vaginales se contrajeron alrededor de su polla, y cuando sentí que ya no podía más, él aceleró el ritmo, clavándome hasta el fondo una y otra vez, hasta que ambos explotamos en un clímax que me dejó sin aliento. El semen caliente me llenó el coño y el culo, y aunque debería haberme sentido satisfecha, solo quería más, porque la rabia y el deseo no se calmarían tan fácilmente.