Rubia caliente pide follada extrema a su amante
Cecilia salió de la ducha envuelta en solo una toalla mojada que apenas le tapaba las tetas pequeñas pero bien firmes, con los pezones marcándose a través de la tela. Bryan la vio desde la puerta con la polla ya dura y le soltó un gruñido de deseo mientras ella abría las piernas mostrando el coño rosado y empapado que brillaba bajo la luz del baño. 'Quiero que me empotres como una puta, Bryan', susurró Cecilia mientras se acercaba y le agarraba la verga con ambas manos, sintiendo cómo le palpitaba entre los dedos antes de llevársela a la boca para chuparla con saliva espesa y gemidos ahogados. Él le agarró del pelo con fuerza y le clavó la polla hasta el fondo de la garganta, haciéndola toser mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas, pero ella tragó saliva y siguió chupando como una zorra hambrienta. En el suelo del baño, Bryan la tumbó boca abajo y le levantó el culo para hundirse dentro de su coño mojado con embestidas brutales que le hacían gritar cada vez que la penetraba hasta el fondo, sintiendo cómo sus tetas pequeñas rebotaban con cada golpe. Cecilia se retorcía de placer, con la cara pegada al suelo y los muslos temblorosos, suplicando por más mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, dejando marcas rojas que se mezclaban con el sudor que le resbalaba por toda la espalda. '¡Métemela más fuerte, cabrón!', jadeó mientras Bryan la agarraba de las caderas y la levantaba solo para dejársela caer de nuevo, sintiendo cómo su polla se perdía en lo más profundo de su coño, que se contraía a cada embestida como si quisiera tragársela toda. Cuando él notó que ambos estaban al límite, la sacó de golpe, le dio la vuelta y se la clavó de nuevo en posición de perrito, pero esta vez la boca de Cecilia buscó la suya para besarlo con lengua mientras él le apretaba los pechos y se corría dentro de ella con un gruñido animal, llenándola hasta el fondo mientras ella gemía con la voz rota y los muslos pegajosos por los jugos que se le escapaban. Bryan no se detuvo ahí: la levantó en volandas y la empotró contra la pared, con las piernas de ella rodeándole la cintura y los pies colgando, mientras su verga entraba y salía como un pistón, empapando el coño de Cecilia que no paraba de gritar y babear de placer. Cuando por fin se vaciaron los dos, ella se dejó caer contra su pecho, jadeando y con el cuerpo tembloroso, mientras Bryan le susurraba al oído que nunca había follado así con nadie.