El rubio se deja empotrar duro sin piedad anal
El pobre loirito no podía ni pestañear cuando ese macho musculoso lo agarró del pelo y lo dobló como un trapo contra la pared del baño. Primero le escupió en el culo para que se abriera bien y sentir cómo el prepucio resbaloso de su verga gorda se frotaba contra el agujero prieto, dejándolo todo baboso y listo para recibir ese palo de carne que le iban a meter. El rubio gimoteaba como una perra en celo, rogando que no le hicieran daño, pero el cabrón solo se rio y le escupió más fuerte en el agujero mientras le apretaba los huevos llenos de esperma que ya le hacían doler de lo pesados que estaban. No pasó ni medio minuto cuando la punta gruesa de esa polla de monstruo se clavó sin piedad hasta las pelotas, haciendo que el chico soltara un aullido agudo que resonó en todo el edificio. El tipo lo empotraba con embestidas brutales, cada una más profunda que la anterior, mientras el rubio se retorcía con los dedos clavados en la pared y la saliva cayéndole por la comisura de los labios. El dolor era intenso, pero entre el ardor del culo abierto y la excitación de saber que lo estaban usando como un juguete, el pobre loirito no podía evitar que su polla se le pusiera más dura que una piedra, goteando pre mientras su verga colgaba entre sus piernas temblorosas. El cabrón musculoso no paraba, cada vez más rápido, más brusco, hasta que el rubio sintió cómo su próstata se estremecía con cada embestida y un espasmo eléctrico le recorrió la espalda. No le dio tiempo a reaccionar cuando el tipo lo agarró de las caderas y lo empujó contra el lavabo, levantándole el culo para que la polla entrara aún más profundo. El sonido de carne contra carne llenaba el baño, mezclado con los gemidos ahogados del rubio y los gruñidos animales del macho, que no paraba de maldecirlo entre dientes mientras le escupía en la espalda sudorosa. Cuando por fin la verga enorme se clavó hasta el fondo y el tipo se corrió dentro con un rugido gutural, el rubio sintió cómo el calor espeso del semen le inundaba las tripas y lo llenaba por completo, dejándolo hecho un trapo baboso y tembloroso, con el culo bien abierto y goteando leche por las piernas.