Rubia cachonda se empalma con el actor en escena
La tía no podía disimular lo cachonda que estaba mientras él le bajaba el vestido negro dejando sus tetas naturales al aire, duras y rosadas por el frío del set. Sus pezones se le ponían duros como piedras cada vez que el tipo se le acercaba con esa sonrisa de pillo que tanto la ponía. Le pasó la lengua por el cuello y ella soltó un gemido que resonó en todo el plató, con las bragas ya empapadas antes de que él le metiera los dedos por el coño sin aviso. La rubia no aguantó más y se le lanzó encima, arrancándole la camisa para mordisquearle los pezones mientras él le apretaba el culo con ambas manos hasta dejarle marcas rojas. Se pusieron de rodillas en el suelo sucio de polvo de maquillaje y ella se lo chupó con tanto ahínco que él no tardó en agarrarle la cabeza y empotrarle la polla hasta la garganta, ahogándola entre gruñidos. La morena que pasaba por ahí se quedó boquiabierta al ver cómo la rubia se dejaba llenar la boca sin protestar, con los ojos llorosos pero las piernas temblando de excitación. Él la levantó de golpe y la sentó sobre una mesa de luces, le abrió las piernas como si fueran unas tijeras y se la clavó de una sola estocada, haciendo que ella gritara como una loca y le arañara la espalda. Las embestidas eran brutales, la mesa crujía con cada golpe y el sudor le resbalaba por el coño hasta gotearle en las nalgas, dejándole el culo pegajoso y brillante. Ella se corrió gritando su nombre, con las tetas botando como gelatina mientras él le escupía en la cara y se corría dentro sin protección, manchándole las tetas y el vientre de leche espesa. La rubia se quedó ahí, jadeando y con las piernas abiertas, mientras él se reía satisfecho y le decía que era la puta más caliente que había conocido en su vida.