El doctor Wolf presionó su verga contra el ojete apretado de Caleb
Esa tarde en el consultorio, después de cerrar la puerta con llave, no pude aguantar más. El culo perfecto de Caleb Anthony, tan joven y estrecho, me tenía loco desde hace semanas, pero esto estaba mal, no debía pasar, pero mi polla ya no escuchaba razones. Empecé frotando suavemente su entrada con la punta, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba al principio, hasta que un gemido suave me dio luz verde. Sin perder tiempo, empujé de golpe, sintiendo cómo mi verga se hundía en su ojete virgen, tirando de su cadera hacia mí para clavarme hasta las pelotas. Caleb se aferraba a la camilla, jadeando, mientras yo entraba y salía sin piedad, escuchando cómo su culo chorreaba de lubricación y mis huevos golpeaban su piel. Sabía que si alguien entraba, estábamos jodidos, pero el calor de su cuerpo y sus gemidos ahogados me enloquecían. Agarré su pelo con fuerza y aceleré, sintiendo cómo el orgasmo subía por mi columna, hasta que me corrí adentro, llenándolo por completo mientras su culo se contraía alrededor de mi verga. Cuando salí, vi mi leche blanca escurrirse lentamente, mezcla con su sudor y salpicaduras en el suelo.