Masajistas se mueren de risa con la polla chiquita del cliente
Las dos masajistas estaban relajadas, listo para dar un masaje bien profundo a este cliente nuevo, cuando de repente la tanga de él se cayó y su pollita ridícula les dio un susto tremendo. Las chicas se miraron con cara de ‘¿en serio?’ mientras la verguita medio erecta ni siquiera llenaba la palma de una mano. ‘Ay no, esto sí que va a ser rápido’, susurró una, reprimiendo una carcajada. ‘Tranquila, amor, te la pongo bien parada’, dijo el tipo, sintiendo la humillación en el culo parado mientras intentaba aguantar la sonrisa. Una de las masajistas tomó la pollita entre sus dedos, jugando con ella como si fuera un juguete pequeño, moviendo la mano despacio para no romperle el ritmo. ‘¿Seguro que quieres que te la chupe?’, preguntó la otra, mordiéndose el labio para no reírse, mientras el tipito se retorcía en la camilla, sintiendo cómo la verga nomás se enderezaba un poquito. ‘Sí, sigue, sigue, ya casi’, gimió él, moviendo las caderas como si eso ayudara, hasta que de pronto le explotó una corrida miserable que ni mojó la mano de la masajista. ‘Uff, qué trabajo tan pesado’, susurró una, limpiándose la mano con una toalla mientras el tipo, rojo de vergüenza, se subía los calzoncillos con la pollita aún goteando. ‘Oye, ¿me das un descuento por esto?’, preguntó él, sin poder mirarlas a los ojos, mientras las dos se echaban a reír sin poder aguantar más. ‘Claro, amor, la próxima vez te regalo dos minutos más de masaje’, le soltó una, dándole un palmadita en la espalda mientras él salía corriendo del spa, cada vez más humillado. ‘Qué pendejo’, soltó la otra, sacudiendo la cabeza, ‘ni para una paja sirve’. Y así terminó la sesión más corta y patética de sus vidas.